La cabaña nace para satisfacer la irrefrenable necesidad de estar a solas conmigo misma. Cualquier montañero entenderá muy bien a lo que me estoy refiriendo. Basta remontar la fatigosa subida, coronar una cresta y expandir la mirada para darse cuenta de la necesidad de trepar solo sobre uno mismo: la más difícil de las travesías humanas. Allí todo es más puro, el límpio y fresco viento de la cumbre, azota y allana los laberintos del alma, poniendo un poco de orden y paz, donde antes no lo había. Y se experimenta, junto a toda la pequeñez personal, la más honda soledad acompañada por la presencia de los otros en el recuerdo.
Han quedado allá lejos las prisas de la vida en el paisaje urbano. Aquí no hay prisa para llevar enseguida y a todas partes el propio vacío. Aquí la vida personal se vuelve densa y maciza con la experiencia de lo intemporal y la copresencia de todos.

jueves, 6 de octubre de 2011

... y ganas el round.



"Sin fe se puede perder un juego cuando ya casi está ganado".
Paulo Coelho. 




Hay momentos puntuales en los que llegas a creer que te has reencarnado en un boxeador al que han noqueado duramente sobre el ring hasta quedar K.O. Claro que la tuya no es una derrota física, sino de espíritu. Una vez medio recompuesta empiezas a tener claro de qué va esto de "vivir".
Vamos creciendo, envejeciendo, los jóvenes se hacen adultos, los adultos ancianos y los ancianos se van. Eso, si no hay sobresaltos por el camino. Empiezas a darte cuenta de que esto va en serio cuando de boxeador, pasas a sentirte saco, te llueven golpes por todos los lados.
Uno no se hace viejo de un día para otro, pero sí que nota el peso de un momento a otro. Ese lapsus tiene una directa relación con las veces que has quedado expuesta sobre el cuadrilátero de la vida, indefensa, vulnerable, abatida, con el alma hecha jirones. Sin fe nos perderíamos irremediablemente en ese oscuro laberinto de sufrimiento.
Creer en alguien, en algo, en nosotros mismos; creer en tu Dios, creer que podemos, creer... La fe y el sentimiento de amparo van de la mano. Es la cuerda que te hace emerger, la llama que aplaca el frío, el madero que te conduce a la orilla.
La fe es esa fuerza por la que, en el último minuto de la cuenta atrás te pones en pie, golpeas al adversario con un majestuoso gancho de izquierda y ganas el round.
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Con este post me uno a la petición de  Sor Cecilia  y al resto de compañeros que el próximo día 8 hablarán de Fe en sus blogs.


8 comentarios:

Anna Jorba Ricart dijo...

Me alegro de que estés en esta convocatoria en la que participo también.
Lo has escrito muy bonito.Sin fe, sería dificil subsistir, es una guia, un faro hacia dónde encaminarse...
El 8 publicaré mi entrada.
Que sigas bien.

Kassiopea. dijo...

Mi madre me cuenta que de joven le enseñaban: "¿Qué es la fe? Creer lo que no se ve". Yo con esa definición por supuesto que no trago. En cuanto a mi fe, creo en lo que puedo ver o en cosas demostradas con evidencias. Aunque yo a eso no lo llamaría fe, sino sentido común.

Un beso Fayna.

Myriam dijo...

Hermoso y certero texto.

Luismi dijo...

Sensacional tu punto de vista sobre la fe. En pocas palabras y utilizando símiles pugilísticos, creo que has dado una definición magistral de lo que para muchos puede ser un sentimiento tan profundo como la fe.


Besos y buen finde.

andré de ártabro dijo...

no sé por que no sale el comentario
Es ese madero que surcado tempestades y las llevo tu barca a la orilla,
Yo creo en ti y en todo lo que llevas.
Un beso
A ver si este comentario se que da.
un beo

espronceda- nictemero dijo...

Fayna:

Vuelvo a encontrarte y a disfrutar de tu sensibilidad en la visión de muchas cosas. Vision con la que coincido.

Un fuerte abrazo

sabores compartidos dijo...

Hola Fayna bienvenida otra vez, espero que te encuentres bien y bueno no se como saldrian las cosas después de tu despedida. Aqui estaremos contigo en tu cabaña para leer tus hermosos textos.
un beso

tarja-tallulah dijo...

lA FÉ mueve montañas. Pero un hombre que se siente abrazado es una montaña. Vivir duele, amar duele, pero es lo que nos recuerda a cada instante que estamos vivos. Por desgracia, tenemos que desgastarnos. Y marcharnos, porque en realidad aquí tan solo estamos de paso. Lo malo es que no nos enseñan o no nos preparan para cambiar de manera de vivir. Te entiendo. Lo he vivido. Y aun hoy sigo levantándome, y repitiéndome a mi misma que las cosas pasan por algo. Un beso preciosa. Infinito. Y por supuesto. SIEMPRE CON EL PUÑO EN ALTO.