La cabaña nace para satisfacer la irrefrenable necesidad de estar a solas conmigo misma. Cualquier montañero entenderá muy bien a lo que me estoy refiriendo. Basta remontar la fatigosa subida, coronar una cresta y expandir la mirada para darse cuenta de la necesidad de trepar solo sobre uno mismo: la más difícil de las travesías humanas. Allí todo es más puro, el límpio y fresco viento de la cumbre, azota y allana los laberintos del alma, poniendo un poco de orden y paz, donde antes no lo había. Y se experimenta, junto a toda la pequeñez personal, la más honda soledad acompañada por la presencia de los otros en el recuerdo.
Han quedado allá lejos las prisas de la vida en el paisaje urbano. Aquí no hay prisa para llevar enseguida y a todas partes el propio vacío. Aquí la vida personal se vuelve densa y maciza con la experiencia de lo intemporal y la copresencia de todos.

sábado, 1 de octubre de 2011

Los jeans de la marquesa.



Ella quería casar bien a la niña. Nada de empleadillos de medio pelo. La niña tenía que salir del barrio y vivir una buena vida. No como la suya, tan cutre, tan con olor a rancio. Tenía que salir de ese bloque de pisos lleno de pantalones vaqueros tendidos. No es que las vecinas no lavaran otras prendas; en realidad lo de los vaqueros era testimonial en un abigarrado muestrario de sábanas, bragas, paños de cocina, camisetas zurcidas...
Pero a ella le disgustaba de una manera rotunda, porque había convertido esos pantalones en la metáfora de su propio fracaso.
No era cuestión de tener, podía tener de todo, modesto, pero de todo; era una cuestión de querer. Y como siempre quiso más, pues no era una mujer feliz.
"Por Dios, que cutre es la Carmela", le decía a su hija al volver de la clase de piano, cuando, desde la carretera, veía a lo lejos los vaqueros de la del tercero, meneándose al compás de la ventolera.
La niña había heredado toda la estupidez de la madre. Pensándolo bien, no creo que fuera congénita, yo diría más bien que era inducida, pero no de una manera sutil, sino como alimentan a las ocas que van a usar para hacer foie gras, con un tubo por la garganta y empujando la comida con un palo.
Como resultado del lavado de cerebro, la hija estaba convencida de que provenía de una distinguida familia venida a menos, aunque solo de forma momentánea y en buena medida por culpa del tolete de su padre.
La heredera iba a clases de piano, aunque no tenían piano ni sitio donde ponerlo. Vestía siempre de boutique y visitaba a menudo la peluquería del barrio, lucía zapatos de todos los colores que su madre compraba en tiendas tan fashion como horteras. A cambio de tanto lujo, en aquella casa no se comía más que caldo de papas y papas con caldo.
La niña, claro, era tonta perdida, tanto como su madre y, también como ella, miraba a los demás por encima del hombro. Madre e hija eran famosas en el barrio. Las llamaban "las marquesas". Y se reían de ellas.
Pero ellas, a lo suyo. Pasaron los años y el príncipe azul que iba a redimirlas de su cutre condición, no acababa de llegar. Algún pretrendiente tuvo la niña, pero pronto ponían pies en polvorosa cuando empezaban a intuir de qué iba la movida. Otras veces era al contrario, eran ellas las que descartaban al pobre imbécil que mostraba interés por la niña, cuando olían que el dinero, lo que se dice dinero, brillaba por su ausencia.
El padre murió de aburrimiento o tal vez de un caldopapismo agudo. La madre también, aunque no sin antes hacer prometer a su heredera, desde su lecho de muerte y con gran pompa y ceremonia, que no se casaría con cualquiera.
Hoy la pequeña marquesa pasa de los cincuenta y vive triste y sola en el piso que fue de sus padres. Solo usa vaqueros, que tiende al sol, eso si; con muchísima distinción.




14 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

Muy bueno, Fayna. Esos vaqueros son míos y tengo un seguidor que siempre me llama marquesa...Me he reído a rabiar.
Porque marquesas hay tantas.
Menos mal que aquí, como no tengo más que vaqueros, algo vamos comiendo (que es mi vicio)

Anusky66 dijo...

que historia mas completa te han inspirado esos vaqueros de la marquesa de Paradela.
Suerte
Un besazo

Jose Vte. dijo...

Hola Fayna, es la primera vez que paso por aquí, también participo en el concurso de Paradela.
He venido a leer tu entrada, y creeme que es estupenda. Que tristeza y que rabia da que haya gente que se deje llevar por un "glamour" ficticio y se deje la vida y la juventud en sueños inalcanzables.

Un saludo y mucha suerte

andré de ártabro dijo...

Una realidad muy abundante te la puedes encontrar ala vuelta de la esquina.
en donde yo nací hubo un época en que había bastante de eso.
No me extraña que la heredera , ella ya," más cursi que un guante " acabara con sus pantalones al sol.
El tono irónico con que narras se adecua muy bien al guión.
Un beso

MariluzGH dijo...

jajaja magnífica entrada :)

un abrazo y suerte

pd

Fayna como no tienes el perfil abierto no puedo acceder a la foto y necesito que me facilites una para el vídeo del concurso, gracias.

MariluzGH dijo...

Gracias por abrir el perfil :) ya estás entre los "actores" de la gala :)

un abrazo

Kety dijo...

Cuánto hay de eso, pero opino que se engañan ell@s mism@s.

Suerte
Un abrazo

MAMÉ VALDÉS dijo...

Creo que es la primera vez que visito tu casa, vaya historia ha inspirado los pantalones vaqueros de nuestra amiga María Jesús, mucha suerte en el concurso, un saludo, volveré.....

curro dijo...

Muy bueno Fayma, hay mucha gente asi, aunque no todas las marquesas son lo mismo, estas que tu dices son de medio pelo y nada tienen que ver con ña nobleza de otra que tambien usa vaqueros. Un saludo.

yraya dijo...

Hola Fayna, cada vez que hay concurso en casa de Paradela, conozco a gente nueva.
Me encanta tu relato y tu blog
Saludos y suerte

mercedespinto dijo...

Historias de gente que solo ha vivido para el escaparate, y la trastienda vacía, hay muchas, y la tuya las representa a todas a la perfección. Y te digo una cosa, donde se pongan unos vaqueros...
Mucha suerte y un abrazo desde Irlanda.

Anna Jorba Ricart dijo...

Has regresado al mundo bloguero con muchos cambios....
Esta tipica familia de "altos vuelos" preocupados por aparentar, que es lo peor que se puede hacer,vacios por dentro de dinero y de categoria.
Que estés bien y que tengas suerte.

Montserrat Sala dijo...

Hola: ES la primera vez que te visito,
y me alegro de tu participación, en el concurso. Me ha gustado tu historia. Y pienso que ha sido una gran realidad de las familias en tiempos pasados. Creo que actualmente
se dan menos estos casos de futuras marquesas, afortunadamente.
Que tenga mucha suerte.

Encarni dijo...

Hola Fayna, me ha gustado mucho tu relato sobre este tipo de gente que necesita tener pedigrí para alejarse del resto de los mortales como si ellos/as no fueran también mortales en esta vida.

Un abrazo y suerte.