La cabaña nace para satisfacer la irrefrenable necesidad de estar a solas conmigo misma. Cualquier montañero entenderá muy bien a lo que me estoy refiriendo. Basta remontar la fatigosa subida, coronar una cresta y expandir la mirada para darse cuenta de la necesidad de trepar solo sobre uno mismo: la más difícil de las travesías humanas. Allí todo es más puro, el límpio y fresco viento de la cumbre, azota y allana los laberintos del alma, poniendo un poco de orden y paz, donde antes no lo había. Y se experimenta, junto a toda la pequeñez personal, la más honda soledad acompañada por la presencia de los otros en el recuerdo.
Han quedado allá lejos las prisas de la vida en el paisaje urbano. Aquí no hay prisa para llevar enseguida y a todas partes el propio vacío. Aquí la vida personal se vuelve densa y maciza con la experiencia de lo intemporal y la copresencia de todos.

jueves, 20 de octubre de 2011

Olor a salitre.



“Entre la fe y la incredulidad, un soplo. Entre la certeza y la duda, un soplo. Alégrate en este soplo presente donde vives, pues la vida misma está en el soplo que pasa.”
(Omar Khayyam)

Marea baja, cielo nuboso, calma chicha. El saliente de la roca es un buen lugar para pensar. A esta temprana hora de la mañana el terral es aprovechado por los pescadores para hacerse a la mar, la brisa alcanza unas 12 millas mar a dentro y facilita las maniobras de salida de puerto y alejamiento de la costa. Tres hombres descalzos cargan los aparejos y se disponen a zarpar.
Ando sobre las piedras con las chanclas en la mano sorteando los charcos, con rapidez fijo las plantas de los pies en el lado más seco y rugoso para evitar deslizarme. Me sorprende ver lo que le cuesta a la gente avanzar, parecen funambulistas intentando no perder el equilibrio. Desde niña tuve una facilidad pasmosa para moverme en este medio, no me supone ni el más mínimo esfuerzo.
Tras el recodo está, a un metro sobre el nivel del agua, el saliente de la roca; liso, ancho y protegido del aire. Es de difícil acceso y precisamente por eso siempre solitario y disponible. Un lugar ideal para perderte en tus propios pensamientos.
Me acomodo. Instintivamente la yema de mi dedo acaricia la superficie sólida de un pequeño charquito, la chupo, dejo que se disuelva la sal en mi boca lentamente con los ojos cerrados y me limito a escuchar. Hoy no hay olas que rompan el silencio con su batir, un silencio que nunca serán capaces de imaginar los que sólo caminan sobre tierra firme. Hoy el mar es como una balsa de aceite, pareciera que cesaran súbitamente esas mareas infinitas que mueven con lentitud los corales y los restos de todos los naufragios.
Aquí sentada respiro profundamente y disfruto de ese soplo del presente, consigo manejar los tiempos y poner paréntesis al reloj.
Pienso que hay insistencias que no dejarán nunca de agradarme, el olor a salitre sigue siendo el único rastro fiable... seguramente por eso tengo debilidad por los encurtidos, salazones y ahumados; posiblemente por eso, de forma inexorable mi paraiso se pinta de azul.



9 comentarios:

River dijo...

Sé de lo que hablas, vivo junto al mar desde que nací, me muevo por las piedras a la velocidad del viento y estoy totalmente enganchada ese olor, esa paz, serenidad... mi reposo.
Colecciono piedras :)
Un abrazo

Muchas gracias por pasarte por mi mundo.

Amanda T. dijo...

Un increible paisaje, te he imaginado caminando sobre las piedras con tu habilidad,
El olor a salitre, a mí me encanta aunque tengo el mar un poco lejos, pero indiscutiblemente me dá vida. Un beso.

Kassiopea. dijo...

Me encanta el olor a mar. Yo vivo muy cerca del mar y muchas veces si te asomas a la ventana al atardecer viene la brisa con el olorcillo inconfundible a mar.

mariajesusparadela dijo...

Tienes suerte, porque en él vives.

Luismi dijo...

Casi, casi, llegamos a oler el salitre. Afortunada eres...

Besos y feliz finde

Lembranza dijo...

Sé de que hablas FAYNA, a mi me pasa lo mismo, cuando estoy en un bosque, me paro, cierro los ojos y dejo que el bosque me llene, y es entonces, cuando empiezo a percibir, el más mínimo sonido. Para mi esto es terapia de la buena, relajación, renovar mi espíritu. En el mar me pasa lo mismo, lo que pasa es que tengo menos oportunidades de disfrutarlo. Moitos agarimos

sabores compartidos dijo...

Aqui no tenemos mar pero me pasa lo mismo cuando salgo a un bosque o a un pantano, la paz se apodera de miespiritu y aunque se oiga algun coche a lo lejos, nada interrumpe esos momentos que tanto me encantan.
Te entiendo perfectamente Fayna.
un beso

espronceda- nictemero dijo...

Yo me conformo con oler el mar desde la barandilla del paseo maritimo. Cuando me estoy acercando y empiezo a oler, siento una especial sensación que me trae recuerdos de mi ya lejana niñez. El andar por las piedras ya no me está permitido.

Un abrazo Fayna

Myriam dijo...

Todos necesitamos lugares así .como el tuyo- para perdernos en nuestros pensamientos.

Besos