La cabaña nace para satisfacer la irrefrenable necesidad de estar a solas conmigo misma. Cualquier montañero entenderá muy bien a lo que me estoy refiriendo. Basta remontar la fatigosa subida, coronar una cresta y expandir la mirada para darse cuenta de la necesidad de trepar solo sobre uno mismo: la más difícil de las travesías humanas. Allí todo es más puro, el límpio y fresco viento de la cumbre, azota y allana los laberintos del alma, poniendo un poco de orden y paz, donde antes no lo había. Y se experimenta, junto a toda la pequeñez personal, la más honda soledad acompañada por la presencia de los otros en el recuerdo.
Han quedado allá lejos las prisas de la vida en el paisaje urbano. Aquí no hay prisa para llevar enseguida y a todas partes el propio vacío. Aquí la vida personal se vuelve densa y maciza con la experiencia de lo intemporal y la copresencia de todos.

martes, 10 de enero de 2012

Rapada a lo teniente O´Neil, lesión en el tabique nasal y ridícula carrera con ramalazo de ordinariez incluido.


 Rapada a lo teniente O´Neil, lesión en el tabique nasal y ridícula carrera con ramalazo de ordinariez incluido, fue el balance que me dejó la víspera de Reyes. Dicho así pudiera parecer que me metí en un lío, pero no, nada más lejos de la realidad.
El 5 de enero por la mañana, después de encargar el roscón de reyes en mi panadería habitual, me acerqué a la peluquería por si tocaba la flauta y me cogían para ese día. Con el jaleo de las fiestas no había pedido hora y lo más probable era que me mandaran a tomar viento fresco por donde mismo había venido, no obstante, quise intentarlo. Efectivamente, imposible atenderme ese día. Lleno hasta la bandera.
Volví sobre mis pasos pensando que en realidad había sido un capricho, no era necesario cortarme el pelo justo esa víspera de fiesta, podía haberlo hecho antes o esperar un par de días más. En esas estaba cuando me tropecé de bruces con alguien cercano a mí que muy efusivamente me saludó:
- Hoooola Fayna ¿qué tal? ¿Ya tienes todos los paquetes preparados? jeje
- Pues no, la verdad jeje. Preparado solo está lo que ya saco de la tienda empaquetado, el resto lo prepararé esta noche después de la cabalgata, como cada año. ¿Y tú? ¿ya acabaste?
- !Que va! me quedan un par de cosas, pero las tengo controladas. A comprarlas iba ahora mismo. ¿Tienes prisa? Acompáñame y luego nos tomamos algo.

Y tomándonos "algo" creo que fue cuando comenzó a confabularse mi mala suerte. El inocente comentario de:

- Venía de pedir hora en la pelu cuando nos encontramos...
Dio paso a:
- Mujer, no tienes necesidad de esperar para cortarte el pelo. Ya te lo corto yo en un momento. Me paso por tu casa después de comer y cuando vengan los niños para ver la cabalgata ya estarás lista ¿ok?

Me lo puso tan fácil y se mostró tan decidida y segura que otorgué como una idiota. Sabía que era peluquera, pero también sabía que no ejercía desde hacía mil años, con lo cual, alguien medianamente razonable hubiera puesto el ofrecimiento en cuarentena, pero yo no. Yo dí por hecho que cortar y peinar había sido lo suyo y que eso debía de ser como nadar, patinar o montar en bici, que no se olvidaba nunca.
El caso es que, emparejando un poco por aquí y otro poco por allá, cuando me quise dar cuenta tenía más desniveles en mi cabeza que los jardines colgantes de Babilonia. Aquello no había forma humana de enderezarlo. Cuando me miré en el espejo casi me da algo.

- !Dios mío! ¿Pero esto qué es?
- No te preocupes que aún no he terminado.
- Mira, este desaguisado no hay Dios que lo arregle. !Pero si a este paso me vas a dejar sin pelooooo!. Coge la máquina, ponla al dos y pásala por encima del millón de escaleras que me esculpiste. Entre sollozos -tía, que parezco un hare krishna-
- No es para tanto, Fayna. Si estás monísima.
- Acaba de una vez que no respondo. (A estas alturas estaba ya incandescente por dentro y por fuera).

La despaché sin miramientos y cuando llegó mi familia casi no me reconocen. Por un lado la rapada, y por otro, la hinchazón de tanto llorar.

El caso es que después de estar consolándome un buen rato,(el afán de mi madre por asegurarme que no me quedaba mal, no hacía más que confirmar el desastre) decidí darme una ducha y poner toda mi atención en los ojos, haciendo un intento desesperado por resaltarlos con el maquillaje y así desviar, dentro de lo posible, la mirada del pelo.
Lo hecho, hecho estaba y ya no tenía remedio, con lo cual tocaba resignarse y positivizar la situación. El pelo crecería y al cabo de cierto tiempo vería todo esto como una simpática anécdota.

Dos horas después me encontraba en la Cabalgata con mi hija pequeña y Ulises, éste último de cinco años, que había traído su carta para entregarla en mano, no fuera a ser que el correo la extraviara.
Estábamos entretenidos, bailando al son de Bob esponja, sacando fotos con Chip y Chop, cuando detrás de la siguiente carroza vislumbramos entre flases la corona del imponente Melchor. Se acercaba el primer rey, pero Ulises quería esperar a Baltasar, que era su preferido, y menos mal, porque justo cuando teníamos las patas del primer camello, literalmente, a tiro de piedra, impactó a toda velocidad y con asombrosa precisión un caramelo en mi tabique nasal con tanta fuerza, que el dolor que me produjo hizo que instantáneamente me quedara en cuclillas viendo girar estrellitas con sus constelaciones correspondientes alrededor de mi rapada cabeza, y derramando tantas lágrimas imposibles de contener como para llenar un estanque.
En ese momento pensé:
- !Que ironía! Me parto de risa con el auto de aquél magistrado onubense y ahora me ocurre lo mismo que a aquella señora, !es increíble!.
Me recompuse como pude y haciendo de tripas corazón seguí estoicamente de pie junto a Ulises esperando el paso de Baltasar mientras mi nariz latía como el tambor de Toro Sentado, hinchándose por momentos.
No es de extrañar que dadas las circunstancias no estuviera todo lo atenta que debiera, pero Ulises tuvo reflejos y, cuando tuvo a Baltasar delante sacó su carta del bolsillo y se acercó lo que pudo para entregársela. Como Ulises es tan chiquitito en comparación con el camello, Baltasar no lo vio. Pero yo si que lo vi y rauda, como una heroína de cómic, cogí al niño en brazos para que el rey mago pudiera verlo. Pero ni con esas.
El rey seguía su marcha sin detenerse y las opciones de Ulises iban disminuyendo. Cuando comprobé que el camello aquel no iba a parar, solté al niño, cogí la carta y empecé a correr detrás del cuadrúpedo al grito de ¡Baltasar, Baltasar, coge la carta!
Corrí unos metros, otros más, y a punto estuve de recibir un pisotón del animal. Había dejado a Ulises atrás y Baltasar seguía sin hacerme caso, pero yo no podía fracasar en mi misión. ¿Qué iba a decirle al crío?
¡Baltasar, Baltasar, coge la carta! Y Baltasar, ni caso. Él saludaba a la multitud a derecha e izquierda, pero no reparaba en la mujer que le gritaba por el flanco derecho con un sobre en la mano.

Al cabo de unos minutos que me parecieron eternos, casi sin resuello y a punto de claudicar, pensé en encaramarme acrobáticamente por el cuello del camello y darle un jalón de la barba y dos o tres cachetones, pero finalmente grité: ¡Coño, Baltasar, coge la puñetera carta!

Mano de santo, fue ponerme ordinaria y darse la vuelta un voluntario de protección civil, creo, que iba junto al camello. Me cogió la carta y se la entregó al rey mago. Y yo pude darme la vuelta y hacerle a Ulises el signo de la victoria con los dedos índice y corazón de la mano derecha.
Fue todo un poema ver la cara de los míos cuando regresé a casa con aquella protuberancia en la nariz del tamaño de un garbanzo remojado y morado como una berenjena.



21 comentarios:

Jose Vte. dijo...

Me vas a perdonar Fayna, pero me has hecho reir un montón con tu mala suerte. Es verdad que no has empezado el año con buen pie y que faltó un pelo (con perdón por el chiste facil, jejeje), para que Ulises se quedara sin regalos de Reyes. Pero bueno, el pelo crecerá, la nariz sanará y Baltasar se dio por enterado de una "puñetera vez". Quien no se anima es porque no quiere.

Feliz y mejor continuidad de año y un abrazo.

andré de ártabro dijo...

¡Seguro , seguro que a pesar de todos los pesares, estarías guapa no se por que creo qu a mi me gustarías co la nariz así , con el pelo trasquilado y jurando en hebreo.
No obstante le pediremos a la vida que te trate mejor.
¡Cuando no estás se nota.
Un beso y perdón por haberme sonreido con tus coss

mariajesusparadela dijo...

Hay días así. Para consolarte , te diré que este verano, cuando vengas e esta tu tierra, tendrás que comer en Paradela: aparte de las ganas que tengo de ver a una chica que yo me sé disfrutando de los espárragos, tengo unos libros para ti.

Lembranza dijo...

¡¡Ayyyyyyy, espera que termino de reírme!!!!! Lo siento, mi perdones, pero ahora que ya no te duele, y que ya te has acostumbrando al pelo, déjame que me ria. Al final va ser cierto eso de que las cosas no vienen solas, y que todo va en cadena. Espero que Baltasar te haya traído muchos regalos. Un abrazo fuerte

luismi dijo...

Perdona, pero no sé si reir o llorar. Te lo juro, que leyéndote y viendo el reproductor de música que colocabas al final, me esperaba la música de Halloween o Tiburón, porque en esas pelis, los protagonistas no tenían tan mala suerte, jejeje. Espero que se te haya pasado el cabreo.

Besos.

Steppenwolf dijo...

El ejército necesita gente valiente y decidida, que soporte estoícamente los reveses de las batallas. Fayna O´Neal, ¿no has pensado en alistarte?
Perdona la guasa pero esos días de la ley de Murphy, al cabo de un tiempo los recuerdas con una sonrisa. Ah, y que levante la mano quien no haya tenido un día así.(No veo ninguna mano).

Un abrazo y cuidate.

Kassiopea. dijo...

Un día redondo por lo que veo... Bueno, afortunadamente el pelo crece y lo de la nariz no fue nada grave.

Un beso.

JValentina dijo...

jajajajaj...me ha encantado..hoy tenia un mal dia..y me has hecho reir...
yo tambien tengo una amiga como tu , peluquera de hace tiempo, pero ella me dejo como una flor de guapa..¡¡menos mal!!..
te felicito amiga
Un abrazo

Myriam dijo...

¡¡Ayyyy Fayna, pobre... que dia de Reyes!! ¿pero tanto puede hacer un caramelo (dulce que come un chico que no tiene que hacer dieta, peor puede carearse los dientes)? ¿o a que le llamas caramelo?

Pasará, todo pasa. Esto también pasar-a y como biendices, serán anécdotas en un tiempito espero que breve...

Un beso y un abrazo

Anna Jorba Ricart dijo...

Verdaderamente unas vicisitudes que contrarían, pero nada que el tiempo no le ponga solución....
Al final quedará en una anecdota.
Recibe mis saludos.

Anusky66 dijo...

jajajaja vaya dia de Reyes mas accidentado!!!
espero que ya no te duela la nariz ,que te hayas acostumbrado al nuevo look y que al final baltasar fuese generoso con Ulises.

Un besazo enorme

Amanda T. dijo...

Fayna a í también me perdonas pero me he reído como hacía tiempo que no lo hacía.
El pelo crece, la hinchazón bajará, y tu siempre serás increible con pelo corto o rapado. Un beso.

MAMÉ VALDÉS dijo...

Esta entrada parece una parodia de los Martes y Treces en sus mejores tiempos, pero vayamos al grano ¿Qué te pusieron los Reyes...? Un saludo.

Asun dijo...

Perdón, perdón, perdón... pero es que no he podido evitar esbozar una sonrisa. Bueno, para ser sincera, en realidad he soltado alguna que otra carcajada. Y no es que me alegre del mal ajeno. En absoluto. Lo que pasa es que lo cuentas de una forma, que me resulta imposible no reírme.

Espero que tu nariz esté ya muy mejorada. Y lo del pelo... es cuestión de tiempo.

Besos

Pilar dijo...

Espero que los reyes te dejasen al menos una bolsa de hielo y una peluca ;)

(en serio, espero que estés mejor, y el pelo, crece ¿no?)

besos

Encarni dijo...

Madre mía, la ley de Murphy se cebo contigo. Pero eres optimista, todo te saldrá bien, ya verás. Espero que crezca el pelo y así también se renueva.

Un abrazo.

Myriam dijo...

Vuelvo a dejarte otro beso, esperando que ya estés mejor.

espronceda- nictemero dijo...

Fayna: yo,como Santo Tomas, hasta que no publiques una foto no me creo nada de lo que cuentas. Es un cuento de NAVIDAD para que los niños riamos.

Un beso

sabores compartidos dijo...

jeejejje desde luego que casi la teniente O´neil a tu lado no tiene nada que hacer, vaya infortunios que te pasarion, pero bueno todo quedara al fin en una anecdotas divertidas para recordar todos los años en navidad.
Espero que se te haya curado la nariz y ya te vaya creciendo el pelo
un abrazo grande

cruzita dijo...

Vaya dia que tuviste, me lo he ido imaginando segun iva leyendo y parece de pelicula, siento mucho que te sucediera todo esto. El pelo crece, aunque me imagino que te fastidió el dia, la nariz, espero que te mejore y el Baltasar ese, o estaba sordo o es que no queria enterarse, menos mal que al final le pudiste dar la carta. Cuentanos si te mejoras de la nariz, porfi, guapa. Te dejo muchos besitos.

Angélica Mora dijo...

Ay mi querida Fayna, me pierdo por un tiempo de tu blog y te pasan esas cosas... Al mal pelo buena cara y el chichón de la naríz va a pasar... la vida sigue, como veras
Besos