La cabaña nace para satisfacer la irrefrenable necesidad de estar a solas conmigo misma. Cualquier montañero entenderá muy bien a lo que me estoy refiriendo. Basta remontar la fatigosa subida, coronar una cresta y expandir la mirada para darse cuenta de la necesidad de trepar solo sobre uno mismo: la más difícil de las travesías humanas. Allí todo es más puro, el límpio y fresco viento de la cumbre, azota y allana los laberintos del alma, poniendo un poco de orden y paz, donde antes no lo había. Y se experimenta, junto a toda la pequeñez personal, la más honda soledad acompañada por la presencia de los otros en el recuerdo.
Han quedado allá lejos las prisas de la vida en el paisaje urbano. Aquí no hay prisa para llevar enseguida y a todas partes el propio vacío. Aquí la vida personal se vuelve densa y maciza con la experiencia de lo intemporal y la copresencia de todos.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Imágenes con premio.


                             El socorro en la necesidad, aunque sea poco, ayuda mucho. 



1 comentario:

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

Gracias,Fayna por confiar en mi, estaré a tu lado. No sé como quitar esa amenaza, no encuentra mi antivirus nada de nada, y estoy preocupada.
Te dejo un beso de ternura
Sor.Cecilia